En Tlacolula, ya no soportan la prepotencia de Concepción Robles


Bernardo Luna / Opiniondeoaxaca.com

 Tlacolula significa en su toponimia “lugar de las cosas torcidas”, y nunca como ahora, a pesar de tanto desatino de gobiernos municipales hasta dizque de izquierda, tal definición había sido tan exacta, tan vigente, en un Tlacolula tan brutalmente regresivo y anacrónico.

Concepción Robles Altamirano, de familia de los amos del poder político pueblerino, violentos y oscurantistas, es hoy lo más conspicuo de lo que autores han llamado “nuestros pequeños tiranos locales”. Perdida en la vorágine de un poder ejercido de manera tribal y caprichosa, la neocacique tlacolulense arremete contra todo y contra todos.

Y es que esta regordeta mujer digna de los cuadros del pintor colombiano Francisco Botero, ha instaurado un violento cacicazgo, con todas las características peculiares de un gobierno municipal de esa naturaleza. Reprime a sus adversarios, censura a quien la critica, despide a quien la cuestiona, usa a su policía municipal arbitrariamente contra sus adversarios y amenaza a quien venda periódicos y revistas donde haya información que la cuestione.

Ella que en la locura propia de los políticos mexicanos cuando tienen poder gubernamental y económico que les da las arcas del gobierno, se atreve un día y otro también a amenazar incluso al propio gobernador del estado, Gabino Cué, aunque cuando la cordura le vuelve recula.

Contrario a la recomendación de Benito Juárez de no gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, la cacica de Tlacolula hace lo que le place con el erario y los activos del ayuntamiento.

Pero no omitamos que esta violenta cacique tiene un lado amable en su persona, y esta amabilidad la vuelca a raudales con los miembros de su familia pues tiene a todos en la nómina municipal: hijas, yernos, primos, su pareja sentimental, etc. Además de preocuparse por rescatar el patrimonio de su familia, al mandar a rehabilitar el rancho de sus padres y proveerlo de una carretera hasta sus puertas, casualmente culminada días antes de que se efectuara ahí la ostentosa fiesta de boda de una su querida hija Eréndira Chávez Robles, directora del DIF municipal, cuyo ahora marido, Ernesto Gómez Cruz, fue premiado como director de Obras municipales de Tlacolula.

Generosa con su familia con lo que no es suyo, la presidente Cony colocó a su mamá, Gloria Altamirano Portillo quien fue presidente municipal en 1990, como "presidente honoraria" del DIF municipal; otro de sus yernos, Salvador Vicente, es secretario particular de "Cony", así como otros primos y parientes que incluyó en la nómina. Por eso es que le atribuyen que parafraseando a una leyenda adjunta al Quijote de la Mancha, Cony dice: "Si ladran es porque vamos progresando... familia".

Es de vital importancia atender lo que pasa en los municipios de Oaxaca. En todas las regiones muchos de los presidentes hacen y deshacen a capricho del erario y el poder municipal. Situaciones de escándalo que no se atienden. Quizá ahora que Carlos Altamirano Toledo es el nuevo titular de la Auditoría Superior del Estado (ASE), alguien sin compromisos viejos pueda atender con eficiencia y eficacia estos latrocinios municipales.

Pero en su elemental pensamiento, Cony Robles siente (así, aunque debería decirse piensa) que ese palacio municipal y todo los bienes públicos son de ella y su familia.

Hay que mencionar, por supuesto, que ella ha metido a la nómina municipal a familia y amigos, como el nombre del grupo musical.

El nepotismo tan extendido en nuestras regiones, tienen en Cony a una de sus más conspicuas practicantes, en esa desgraciada maldición que sufre Oaxaca en todos los partidos políticos: la visión patrimonialista de la política y la administración pública. Es decir, la idea de que ella y su familia son dueños del erario, de los bienes y recursos públicos.

Este infausto trienio inició bajo el signo de la ilegalidad, en el primer alarde de prepotencia el 1 de enero cuando tomaron protesta como regidores de ese ayuntamiento dos falsos concejales: María Cruz y Abelardo Soriano. Ambos nunca figuraron en la planilla contendiente por la presidencia, pero los cargos les fueron graciosamente obsequiados por el Instituto Estatal Electoral. Lo que fue echado abajo por la Fiscalía para los Delitos Electorales (FEPADE). Este delito plenamente configurado condujo a la detención de los integrantes del Consejo Municipal Electoral.

Era el preludio de la etapa de barbarie que se avecinaba otra vez para Tlacolula, ahora bajo con el sello de una mujer para que no digan que no hay equidad de género. En abierto desacato a la legalidad, la señora presidente expulsa por sus pistolas (literalmente) al regidor constitucional Walfre Velasco, mientras sostiene a los dos evidentemente espurios.

El Congreso local no puede cerrar los ojos ante tanta arbitrariedad y arcaísmo, es preciso someter al imperio de la ley a tanto energúmeno que en tierra de ciegos llegan a reinar.

Ahora como parte de esa locura que la invade de pies a cabeza se le ocurrió promover a su señora madre Gloria Altamirano como aspirante a una precandidatura a la diputación federal por el IV distrito.

Al fin y al cabo que por dinero para una costosa campaña política no pararan, pues para eso tienen el presupuesto del Ayuntamiento de Tlacolula.

Es tanta su ambición política y económica que hoy lleva prácticamente al “matadero” a su propia progenitora. Si bien es cierto que la señora Gloria Altamirano ha manejado y sobre todo “vendido” eso de ser “Mártir” político (recordemos que ella junto con otras personas fueron víctimas de un atentado y salvaron la vida a pesar de la agresión armada), hoy la sociedad de Tlacolula ya casi olvidó esa etapa de la historia negra del poblado.

Así pues continuaremos viendo en Cony Robles Altamirano la viva imagen de la cacique tlacolulense, solo el tiempo nos permitirá ver el final de esta versión de la película “La Ley de Herodes”. 

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